17/2/2009

¿Se puede confiar en que la quimioterapia cure el cáncer?

Tony Snow, ex Secretario de Prensa de la Casa Blanca, murió en julio de 2008 a los 53 años edad, después de someterse a varias sesiones de quimioterapia para curarse de un cáncer de colon. En 2005, tras serle diagnosticado el cáncer, le extirparon el colon y le aplicaron quimioterapia durante seis meses. Dos años más tarde pasó otra vez por quirófano para ser operado de un tumor abdominal, próximo al cáncer original. «Se trata de una enfermedad llevadera», dijo la Dra. Allyson Ocean, oncóloga especializada en gastroenterología del Weill Cornell Medical College. «Gracias a las terapias que utilizamos, muchos pacientes pueden trabajar y llevar una vida plena y de calidad mientras reciben el tratamiento. No es cierto que estas terapias equivalgan a una sentencia de muerte.» Pero ahora sabemos que quien no estaba en lo cierto era la Dra. Ocean.

Los medios de comunicación publicaron que Snow murió de cáncer de colon, aunque todos sabían que ya no tenía colon. Según parece, el cáncer maligno había «reaparecido» (¿de dónde?) y se había «extendido» al hígado y a algunas partes más de su organismo. En realidad la operación de colon le había restringido gravemente las funciones orgánicas de eliminación y, en consecuencia, el hígado y los fluidos se habían sobrecargado de materias tóxicas. Las sesiones de quimioterapia a que se sometió inflamaron y dañaron irreversiblemente un gran número de células y además afectaron a su sistema inmunológico: una receta perfecta para la formación de nuevos tumores. Fue entonces cuando, incapaz de subsanar las causas del tumor original (además de las de nueva creación), el organismo de Snow desarrolló nuevos tumores cancerígenos en el hígado y en otras partes del cuerpo.

Los principales medios de comunicación, claro está, siguen insistiendo en que Snow murió de cáncer de colon, afianzando y perpetuando el mito de que es tan sólo el cáncer lo que mata a las personas, y no los tratamientos que siguen. Nadie parece plantearse que es sumamente difícil para un enfermo de cáncer curarse de esta dolencia estando sometido al envenenamiento sistemático de la quimioterapia y a radiaciones mortíferas. Si a uno le pica una serpiente venenosa y no recibe el antídoto adecuado, ¿acaso lo más probable no es que el veneno se extienda por todo el cuerpo y éste, por consiguiente, ya no pueda seguir funcionando? Tony Snow, antes de empezar a someterse a las sesiones de quimioterapia para tratar su segundo cáncer de colon, tenía el aspecto de una persona fuerte y sana. Pero al cabo de unas semanas de tratamiento, enronqueció, comenzó a mostrar un aspecto frágil y gris y perdió el cabello. ¿Fue el cáncer lo que le provocó todo eso? Por supuesto que no, el cáncer no lo hizo, fueron las venenosas sustancias químicas. Su aspecto era realmente mucho más enfermizo que el de alguien al que le hubiera picado una serpiente.

¿Acaso informan alguna vez los principales medios de comunicación sobre las pruebas científicas que demuestran que la quimioterapia no produce ni el menor efecto favorable en el periodo de supervivencia de cinco años? ¿Cuántos oncólogos salen en defensa de sus pacientes y los protegen de la quimioterapia porque saben a ciencia cierta que ésta puede causarles la muerte más rápidamente que si no la reciben? ¿Pondría alguien su vida en manos de los médicos sabiendo que gran parte de ellos ni siquiera se plantearían someterse a quimioterapia en caso de que se les diagnosticara un cáncer? ¿Qué saben ellos que usted no sepa? Corre la noticia de que en Estados Unidos se producen cada año más de 750.000 muertes causadas por los propios médicos. Puede que muchos médicos ya no crean en los métodos que aplican, y ello por buenas razones.

«La mayoría de los enfermos de cáncer en ese país mueren a causa de la quimioterapia… La quimioterapia no acaba con el cáncer de mama, de colon o de pulmón, y esto es algo que está documentado desde hace más de diez años. Aún así, los médicos siguen utilizando la quimioterapia para combatir esos tumores… Las mujeres con cáncer de mama tienen más probabilidades de morir antes si se someten a un tratamiento de quimio que si no lo hacen…». Eso dice el Dr. Alan Levin.

Una investigación realizada por el departamento de oncología del Northern Sydney Cancer Centre de Australia acerca de la contribución de la quimioterapia a la supervivencia de cinco años de 22 enfermos adultos con graves tumores malignos, mostró resultados sorprendentes: la aportación de la quimioterapia citotóxica curativa y coadyuvante en los cinco años de supervivencia de estos pacientes adultos se cifró en un 2,3 % en Australia y en un 2,1 % en Estados Unidos [Royal North Shore Hospital Clin Oncol (R Coll Radiol), 17 de junio de 2005, (4):294.]. La investigación se basó en el Registro de Cáncer de Australia y la Vigilancia Epidemiológica y de Resultados Finales de Estados Unidos, con datos correspondientes al año 1998. En Australia, la tasa actual de supervivencia de cinco años en pacientes de cáncer adultos es superior al 60 %; y en Estados Unidos, no mucho menor. A título comparativo, la contribución de la quimioterapia a la supervivencia de los enfermos de cáncer, que apenas es del 2,3 %, no justifica el enorme gasto que supone y el tremendo sufrimiento que experimentan los enfermos debido a los graves efectos secundarios tóxicos del tratamiento. Vender la quimioterapia como tratamiento médico (en vez de lo que es: un timo), con un exiguo porcentaje de éxito del 2,3 %, es uno de los mayores fraudes que se han visto jamás. La quimioterapia reporta a la clase médica en promedio unos ingresos de la friolera de 300.000 a 1.000.000 de dólares anuales, y hasta el momento quienes fomentan esta seudomedicación (veneno) han ganado más de un billón de dólares. No es de extrañar que la clase médica intente mantener en pie este fraude tanto como sea posible. En 1990, el prestigioso epidemiólogo alemán Ulrich Abel, de la Clínica de Tumores de de la Universidad de Heidelberg, dirigió el mayor estudio clínico llevado a cabo hasta entonces sobre los fármacos quimioterapéuticos. El Dr. Abel se puso en contacto con 350 centros médicos y les pidió que le enviaran todo lo que hubieran publicado sobre quimioterapia. También revisó y analizó miles de artículos aparecidos en las más prestigiosas revistas médicas; estuvo varios años recopilando y evaluando datos. El estudio epidemiológico del Dr. Abel, publicado en The Lancet el 10 de agosto de 1991, debería haber puesto en guardia a los médicos y enfermos de cáncer sobre los riesgos de uno de los tratamientos más comúnmente utilizados para el cáncer y otras enfermedades. En su trabajo, Abel llegó a la conclusión de que el porcentaje global de éxito de la quimioterapia era «escandaloso». Según su estudio, no existe ningún estudio que demuestre científicamente que la quimioterapia «prolonga de modo apreciable la vida de los pacientes que sufren los tumores cancerígenos más comunes».

El Dr. Abel señala que la quimioterapia rara vez mejora la calidad de vida; la califica de «páramo científico» y manifiesta que a pesar de la ausencia total de pruebas científicas que demuestren la validez de esta terapia, ni médicos ni pacientes están dispuestos a renunciar a ella. Los medios de comunicación nunca han publicado este importantísimo estudio, lo cual no es de extrañar si se tiene en cuenta los enormes intereses creados por los grupos de presión, es decir, por los laboratorios farmacéuticos, que patrocinan esos medios. Una reciente investigación revela que en la prensa norteamericana no se había publicado ni una sola reseña sobre el trabajo del Dr. Abel, aunque había visto la luz en 1990. A mi juicio, esto no se debe a que su trabajo no sea importante, sino a que es irrebatible.

La verdad de la cuestión sería demasiado costosa para la industria farmacéutica, por lo que es inaceptable. Si los medios de comunicación revelaran que los medicamentos, incluidos los fármacos empleados en la quimioterapia, se utilizan para cometer prácticamente un genocidio en Estados Unidos y en todo el mundo, sus mayores patrocinadores (los laboratorios farmacéuticos) tendrían que retirar los engañosos anuncios de las televisiones, emisoras de radio, revistas y periódicos. Pero nadie quiere ir a la quiebra.

Hay muchos médicos que llegan incluso a recetar quimioterapia a pacientes con tumores tan avanzados que no pueden ser operados, sabiendo a ciencia cierta que no van a mejorar en absoluto. Aún así, manifiestan que la quimio es un tratamiento efectivo contra el cáncer, y los inocentes pacientes creen que «efectivo» es igual a «curativo». Los médicos se refieren por supuesto a la definición que hace la FDA (Administración norteamericana de alimentos y fármacos) del concepto de «efectivo»: es el medicamento que consigue que un tumor reduzca su tamaño por lo menos a la mitad durante 28 días. Olvidan advertir a los pacientes de que no existe relación alguna entre la reducción de los tumores durante 28 días y la curación del cáncer o la prolongación de la vida. La reducción temporal de los tumores por medio de la quimioterapia nunca se ha visto que cure el cáncer o prolongue la vida. Dicho de otro modo, uno puede vivir con un tumor sin tratar durante tanto tiempo como el que tiene un tumor que ha sido reducido o eliminado por medio de la quimioterapia (o la radioterapia).

Nunca se ha demostrado que la quimio tenga efectos curativos en el cáncer. Por el contrario, el cuerpo intenta curarse por sí mismo, y lo intenta hacer desarrollando un cáncer. El cáncer es más una respuesta curativa que no una enfermedad. Esta «enfermedad» es un intento del cuerpo de curarse de un desequilibrio orgánico y a veces esa respuesta curativa se sigue dando aunque la persona reciba quimioterapia (y/o radioterapia). Lamentablemente, como han demostrado las investigaciones anteriormente citadas, la oportunidad de una curación real se ve reducida cuando los pacientes reciben un tratamiento quimioterapeútico.

Los efectos secundarios del tratamiento pueden ser terribles y descorazonadores, tanto para los pacientes como para sus seres queridos, y todo ello en nombre de tratamientos médicos dignos de confianza. Si bien el tratamiento promete mejorar la calidad de vida del paciente, es de cajón que un fármaco que provoca vómitos y pérdida del cabello, a la par que debilita el sistema inmunológico, hace exactamente lo contrario. La quimio puede provocar úlceras bucales fatales. Ataca el sistema inmunitario destruyendo millones de leucocitos, y sus mortíferos venenos inflaman todo el organismo. Los medicamentos utilizados pueden destruir todo el revestimiento intestinal. El efecto secundario más común entre los pacientes que reciben quimio es la pérdida total de energía. Los nuevos fármacos que se administran en la actualidad a estos pacientes pueden evitar la percepción de algunos de esos efectos secundarios, pero reducen sobremanera el efecto supresor de la propia quimioterapia. Hay que tener en cuenta que si la quimio reduce el tamaño de algunos tumores, es porque comporta una destrucción masiva del organismo. La persona que sufre un cáncer cree que sentirse cansada forma parte de la enfermedad, pero raramente es así. Sentirse muy cansado es probablemente una consecuencia de la anemia, un efecto secundario muy común de la mayoría de los medicamentos quimioterapéuticos. Estos fármacos pueden reducir de modo alarmante la concentración de glóbulos rojos, y ello merma las existencias de oxígeno de las 60 a 100 billones de células del organismo. Uno llega a sentir literalmente la pérdida de energía de cada una de las células del cuerpo: una muerte física sin morir. La fatiga producida por la quimio afecta adversamente a la actividad cotidiana del 89 % de los pacientes. Sin energía no hay alegría ni esperanza y todas las funciones corporales se apagan. Uno de los efectos secundarios a largo plazo es que los organismos de esos pacientes ya no responden a tratamientos nutricionales o de refuerzo del sistema inmunitario para combatir los tumores. Ello explica porqué los pacientes de cáncer que no reciben ningún tratamiento tienen un porcentaje de remisión de hasta cuatro veces mayor que los que sí lo reciben. Lo triste es que, invariablemente, la quimioterapia no cura de todos modos del 96 al 98 % de los tumores cancerosos. No existen pruebas concluyentes (para la mayoría de los cánceres) de que la quimioterapia influya positivamente en la supervivencia o en la calidad de vida. Promover la quimioterapia como tratamiento del cáncer es engañoso, por decirlo de manera suave. Al dañar de modo permanente el sistema inmunitario y otras partes importantes del organismo, la quimioterapia ha llegado a ser una de las principales causas de enfermedades derivadas de un tratamiento, como cardiopatías, enfermedades del hígado, afecciones intestinales, inmunodeficiencias, infecciones, daños cerebrales, trastornos dolorosos y envejecimiento prematuro.

Antes de consentir que les envenenen, los enfermos de cáncer deben plantar cara a sus médicos y pedirles que presenten algún estudio o prueba de que la disminución de un tumor se traduce realmente en una mayor supervivencia. Si le dicen que la quimioterapia es la que ofrece mayores posibilidades de sobrevivir, el paciente sabrá que le están mintiendo, o simplemente que están mal informados. Como han demostrado claramente las investigaciones del Dr. Abel, no existe prueba alguna de ello en toda la literatura médica. Someter a quimioterapia a los pacientes priva a éstos de la oportunidad de encontrar o responder a una cura real y merece una acción penal ante los tribunales.

El libro de Andreas Moritz El cáncer no es una enfermedad explica las verdaderas causas que provocan el cáncer y cómo eliminarlas para siempre.